El regreso.
El regreso.
De nuevo aquí estoy. No sé si para mucho o para poco, no sé si a modo de diario o algo eventual, pero en estos últimos días una serie de casualidades, personas que me han animado a volver, situaciones que debo soltar, o mi apetencia interior que ha vuelto a florecer, me han hecho volver. No sé cual ha tenido mas fuerza de todas, de todas formas, GRACIAS (sobre todo a aquellas personas que me han recordado que me expreso bien y que les gusta mi manera de hablar, de nuevo gracias).
Para mí, escribir es una forma de soltar y explicar muchas cosas que tengo dentro y ahora por suerte o por desgracia, tengo mucho dentro que necesito sacar. Son varios años los que me diferencian de la persona que fui cuando empecé con este blog y la mente crece y cambia.
Ahora os voy a
trascribir una cosita que me pasó una “amiga”.
Hace unos días vi
un video de una buena amiga en el que hablaba de que el estrés y el dar muchas
vueltas a la cabeza te puede llevar por muy mal camino y a muy mal final. Para
los que me conocéis bien ya sabéis que yo pase por una fase bastante “mala” en
mi vida y de la cual por desgracia para mí aún quedan bastantes restos en mi
interior y esos restos últimamente se están encontrando, se están uniendo y se están
haciendo más grandes.
Es muy complicado explicar a las personas que nunca han tenido problemas psicológicos, como es la cabeza de alguien con ese tipo de problemas. Es como intentar explicar el dolor de una rotura de muñeca a alguien que nunca se haya roto nada, pero por lo menos lo roto se ve, pero esto no se ve a primera vista.
Tenemos muchas
personas alrededor, familia y amigos cercanos, compañeros de trabajo, superiores,
compañeros de actividades, vecinos, personas con las que te cruzas por la calle…,
Todas esas personas (sobre todo las primeras) creen que te conocen, ya que pueden
conocer tus gustos, tus aficiones, algunos de tus problemas, pero no es así. La
verdad es que conocen lo que tu quieres que se sepa de ti, en mi caso solo un
pequeño porcentaje sabe todo sobre mí y no porque sea muy tímida o porque
esconda una doble vida, no saben más porque lo que escondo les pondría tristes
o les cambiaria su forma de actuar con respecto a mí y yo no quiero eso.
Por ese motivo yo
y muchas personas como yo acabamos escondiéndonos en nosotros mismos y dejando
que esos restos que tenemos por ahí haciendo de las suyas se unan y empiecen a
luchar contra nosotros.
Es como la
pescadilla que se muerde la cola, si cuento mi problema con alguien, ese
alguien se va a molestar y entonces va a estar peor con nosotros y vamos a
estar peor con ese alguien. Entonces que hacemos, callar. Vosotros diréis: “háblalo,
es lo mejor”, “díselo a esa persona seguro que lo entiende”, “tienes que
solucionar esa situación, si no te vas a poner mal”. Pues claro que me voy a
poner mal. No es tan fácil como lo veis.
Si no hablamos no es porque no queramos, en mi caso es por no empeorar las cosas, porque creo que si yo me aguanto es mejor para todos, el famoso Statu Quo. Ya sé que está mal y que con ello me hago más daño, pero juro y perjuro que no es fácil y más si ya lo has intentado en otras ocasiones y el resultado ha sido caótico.
Lo malo de todo
esto es que nuestro día a día esta lleno de pequeños bocaditos que alimentan a
esos malditos restos. Son bocaditos como problemas en la familia, en los
estudios o en el trabajo. Son pequeñas cosas que a la vista de un, vamos a
llamarlo “ser normal”, no es nada importante, pero para nosotros es un mundo. Un
bocadito en forma, “he bajado las notas este trimestre”, otro bocadito en forma
“hago todo lo que puedo y más pero no veo una valoración en mi trabajo”, otro
bocadito que dice “estoy salvándote de muchas pero si se me pasa algo por un
descuido todo lo que hice por ti no lo recuerdas y me lo echas en cara” y otro
bocadito que resuena como “un poco más que sé que puedes”.
Todos estos
bocaditos son muy nutritivos para nuestra enfermedad y si encima los regamos
con un poco de la sociedad actual, la falta de sol y mil cosas más, pues de
repente el vaso, la jarra o el bidón explota y ya no hay marcha atrás.
Volvemos a
nuestro agujero, a nuestro rincón de llorar y a ser pescadilla y mordernos
nuestra cola, y mientras los otros solo ven a una persona amargada, que esta
así para llamar la atención o porque son unos vagos que no quieren hacer nada
por su vida.
Ya no hay personas a tu alrededor, ya solo hay gente que ayuda a tus restos a ser más grandes y más y más y llevarte a una única dirección. El Negro, la Nada.
Es muy triste
leer esto verdad, pues es mil veces más duro es escribirlo y vivirlo.
Cada vez somos más las personas que vivimos en nuestra Nada, pero es muy difícil encontrarnos ya que lo único que queremos es que las personas que tenemos alrededor sean felices y vivan bien, y sabemos hacerlo muy bien, ya que como sabemos lo que es vivir abajo, intentamos que no tengan bocaditos que alimenten sus restos. Entonces se nos ve muy amables y alegres con todo, porque es una forma de tener el cerebro entretenido y que no tenga espacio para los bocaditos. Pero por dentro seguimos llorando y pensado en si me importaría o no morir hoy, pero eso lo dejo para otra ocasión.
Bueno pues
hasta aquí el relato de mi “amiga”. Creo que nos hace pensar un poquito en
estas personas, porque seguro que alguna conocemos ¿verdad? En la televisión
cada vez hay más noticias de personas que se suicidan por causas que no se
saben, “era una persona muy maja y muy amable, no se porque lo habrá hecho”, “pero
si esta chica era muy buena estudiante y lo daba todo”, “una trabajadora más,
tampoco pedimos tanto en esta empresa, el trabajo lo requiere”. Podría poner
muchas más, pero todos sabemos lo que hay. Muy triste la verdad.
Esta vez no ha
sido un blog muy alegre pero la actualidad lo requiere y si gracias a este
relato podemos ayudar un poquito pues nada ahí esa mi granito de arena.
Mucho animo a todas estas personas. Nos vemos pronto.
ChP.
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